Permanecemos
a la espera de que un compañero de Soria responda a la exigencia de
reconocimiento público de un trato malo*, por dañino, de
abuso emocional, y el compromiso de una actitud
reparadora al respecto y de rectificación de ese
comportamiento en adelante en las relaciones íntimas, donde se ha
dado.
Necesitamos
integridad y honestidad vivamente,
necesitamos
compromisos consecuentes, por parte de todos, de trasformación
personal profunda,
necesitamos
confiar,
necesitamos
superar,
necesitamos
colaboración para generar preguntas en el ámbito colectivo que
ayuden a desarrollar repuestas valientes y responsables.
No
queremos que el compañero se esconda detrás de amigos, del
victimismo o del orgullo, como viene ocurriendo.
Pensamos
que nuestro compromiso social y feminista está por encima de la
concordia y la falsa lealtad.
Sentimos
que abordando los problemas o conflictos socialmente sus soluciones
serán más reales, trascendentales y extensas. Además de ser el
ámbito apropiado, ya que no se trata de una adversidad particular.
Para
saber más:
Son
múltiples las manifestaciones de la conducta violenta: físicas,
económicas, sexuales y psicológicas-emocionales. Esta última
se caracteriza por ser ‘invisible’ en los ámbitos sociales
tradicionales: la familia, la pareja, los amigos, la escuela y el
trabajo.
Hay
que recordar que en su momento todas las formas de violencia que hoy
en día se reconocen fueron aceptadas como comportamientos
habituales, esperados e incluso valorados socialmente. Y
que las conductas machistas y dañinas se pueden consumar en las
relaciones íntimas, mientras que en el resto se proporciona
un buen trato, encantador incluso, y profeminista.
[…]
Poco
a poco se superan diversos mitos en torno a la violencia, entendidos
como creencias estereotípicas, generalmente falsas, que son
aceptadas amplia y persistentemente, y usadas para minimizar, negar o
justificar una acción. Todos
estos suelen estar integrados en una cadena o secuencia lógicas,
donde cada uno sustenta o justifica al otro hasta integrar un cuerpo
ordenado y congruente. La falla radica en su conformación con base
en creencias, alejada de la evidencia formal.
Es
con ese contexto que la violencia psicológica-emocional ocurre en
cualquier parte del mundo y en todas las circunstancias sociales. No
hay un perfil sociodemográfico concreto para el individuo que la
ejerce ni para quien la sufre. En otras palabras, generalmente la
actuación dañina es llevada a cabo por personas normales,
masculinizadas. Paralelamente, se trata de un fenómeno extendido. La
mayoría de los involucrados en el fenómeno lo viven conscientemente
como algo normal a lo que necesitan someterse porque “así es la
vida”. Con ello contribuyen a diseminar la conducta y a
perpetuarla, a comprenderla y hasta defenderla.
La
violencia de esta naturaleza se presenta con diversas modalidades:
amenazas, comentarios irónicos o satíricos, burlas, desprecios,
discriminaciones, chantajes, hostigamientos, acosos, maltratos,
hostilidades; ello a través de palabras, sonidos, gestos, volúmenes
y tonos de voz, posturas corporales, mensajes escritos, textos
anónimos, silencios, clima psicológico, tanto directos como
indirectos. Un abanico tan amplio de opciones y combinaciones permite
esconder el abuso en medio de las formas aceptadas y ‘adecuadas’
para la convivencia en los diferentes espacios de la vida humana. La
situación puede llegar al extremo de sustentarse en la buena
voluntad, en el deseo de ayudar y en “el gran cariño que te
tengo”. Cualquier escenario puede convertirse en la excusa perfecta
para desencadenar este tipo de violencia. Un factor común a todas
ellas es la diferencia: en el ingreso económico o el bagaje
educativo de las parejas; en el nivel socioeconómico de las familias
de origen; en el ejercicio de la vida social y de la diversión
individuales en la pareja; en la talla, el peso o la figura de
alguien con respecto al ideal de belleza corporal vigente o a la
mejor condición de salud; en el comportamiento de un sujeto al
compararlo con el estereotipo social para su género, edad, profesión
o prestigio; entre otras.Sin embargo, no es tanto que se planee ejercerla. Lo diferente, asumido como un hecho atípico, provoca sentimientos paradójicos en donde se combinan emociones positivas y negativas, y comportamientos al respecto, sin conciencia de lo que representan.
Sus consecuencias son destructivas para los involucrados y para el ambiente donde se produce el hecho, los sentimientos de incompetencia (con una baja en los niveles de autoestima y un incremento en la probabilidad de la autoagresión) y la desesperanza aprendida (derivada de una agresión continua y de baja intensidad), entre otras.
PARA
PONERLE FRENO
La
tarea de extinguir la violencia en la sociedad, comunidad, es
responsabilidad de todos sus miembros, iniciando con el
reconocimiento de las conductas asociadas con el maltrato
psicológico-emocional en todos los ámbitos para que cada individuo,
desde la infancia, aprenda a identificar esa condición y la entienda
como algo no saludable. Esto es importante debido al sigilo y al
camuflaje con que habitualmente se manifiesta. La prevención
continúa en el testimonio de vida que permita un contagio positivo
en todos los ámbitos de la vida y desde todos los referentes; y se
consolida en la denuncia de lo dañino o violento ante la parte
activa correspondiente, lo antes posible.
*Evitamos
la palabra “maltrato” ya que resulta más costosa de asimilar,
aunque simplemente sea el antónimo de “buen trato”, del que sí
se reconoce su ausencia sin tanto problema.
Alejandra
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