jueves, 21 de enero de 2021

Los mensajes ocultos hacia los niños que les trasmitimos los adultos:

 

Dar órdenes, dirigir, mandar

Estos mensajes comunican a los niños que sus sentimientos' y sus necesidades no tienen importancia. Deben pues plegarse a los sentimientos y necesidades de los adultos ("lo que quieras hacer no me interesa"; "entra en casa enseguida") o de lo que los adultos interpretan como de interés para ellos ("es por tu propio bien"). Comunican una inaceptación del niño tal y como es en ese momento ("¡quieres quedarte darte quieto!"). Suscitan el miedo al adulto. El niño entiende en ello una amenaza: teme que lo brutalice alguien más grande y más fuerte que él, ("vete a tu habitación"; "si mo vas donde te he dicho, me voy a ocupar de ello").
Puede comunicar al niño/a que los adultos no confian en su capacidad de juzgar o en su competencia ("no toques este plato!"; "no te acerques al bebé").

Advertir, poner en guardia, amenazar

Estos mensajes pueden comunicar que los adultos no sienten ningún respeto por las necesidades o deseos del niño ("si no dejas de jugar con ese tambor me voy a enfadar").
Lo que les hace inseguros y miedosos.
Las advertencias y amenazas son lo de menos porque eso no cambia lo que sienten.
Esto, junto con lo anterior, genera resentimiento y odio interiorizado. 

Explicar, argumentar, persuadir por la lógica

Intentar enseñar da, a menudo, la impresión "al estudiante" de que se le considera inferior, subordinado e incompetente ("crees saber-lo todo").

Juzgar,  criticar, estar en desacuerdo, censurar

Estos mensajes, probablemente más que todos los demás, llevan a los niños a sentirse ineptos, inferiores, estúpidos, insignificantes, malos. La imagen que tiene un niño de sí mismo se construye a partir de los juicios y evaluaciones de los adultos. 
Evaluaciones y críticas frecuentes llevan a algunos niños a pensar que no poseen ninguna capacidad y que los adultos no los quieren.

Elogiar, estar de acuerdo, evaluar positivamente, aprobar

Cuando es contrario a su propio criterio se percibe como falso, con fines aduladores. Los niños concluyen a veces que los adultos no les entienden cuando los elogian ("no me hubieras dicho esto si hubieras sabido lo que yo sentía").
Se sienten expuestos, a cualquier tipo de juicio. En el caso que los elógios y ánimos sean muy frecuentes, sus ausencias pueden ser interpretadas como una crítica ("no me has dicho nada de mis pelos, ¿no te gustan?").
Un niño siente a menudo un elogio como una manipulación, como una manera sutil de empujarles a hacer lo que quieren los adultos ("tú dices esto solamente para que estudie más")

Ridiculizar, hacer sentir vergüenza 

Mensajes de este tipo pueden tener efectos nefastos sobre el aprecio que tiene un niño de sí mismo. Pueden insuflar a un niño sentimientos de inferioridad, hacerle creer que es indigno, malo, no querido.

Interpretar, psicoanalizar, diagnosticar

Este tipo de mensajes representan una amenaza y una frustración para el niño. Si la interpretación o análisis de los adultos se revela justa, el niño puede sentirse molesto de verse de tal manera expuesta ("no tienes amigas porque eres demasiado tímida", "hace esto para llamar la atención"). Cuando el análisis o imterpretación del adulto es errónea, como suele ocurrir, el niño el niño se sentirá irritado de ser injustamente acusado ("es ridículo decir que estoy celosa").
Los niños ven en esos diagnósticos una actitud de superioridad por parte del adulto ("tú crees saberlo todo"). Los adultos que psicoanalizan a menudo a los niños les comunican que se creen más inteligentes.
Los mensajes del tipo "yo se por qué" y "yo veo tu juego" suelen bloquear la comunicación sobre el tema y hace percibir como inútil compartir los propios problemas con los adultos.

Tranquilizar, simpatizar, consolar, sostener

Tranquilizar a un niño perturbado por un acontecimiento o cualquier otra cosa puede, sencillamente,  convencerle de que no lo entiende ("Tú no dirías eso si supieras hasta que punto tengo miedo").
Los adultos tranquilizan y consuelan debido al malestar que sienten ellos mismos viendo a los niños confusos, perturbados o desesperados. Estos mensajes le dicen deseais que deje de sentir lo que está viviendo en ese momento ("No te procupes las cosas se arreglarán").
Los niños pueden ver en estos intentos para tranquilizarlos unos esfuerzos para cambiarlos ("dices eso únicamente para que me sienta mejor").
Minimizar un acontecimiento o un sentimiento, intentar esfuerzos para cambiarlos produce desconfianza de los adultos ("sólo dices eso para consolarme").

Investigar,  cuestionar, interrogar

Cuestionar puede poner de manifiesto a los niños tu falta de confianza, tus sospechas y tus dudas ("¿te has lavado las manos como te pedí?").
Los niños perciben también algunas preguntas como trampas ("¿cuánto has estudiado?... ¡sólo una hora! No te extrañe si tienes malas notas al examinarte").
Los niños se sienten amenazados a menudo por las preguntas, sobretodo cuando no comprenden el por qué de esas preguntas. Basta con darse cuenta de las veces que un niño pregunta: "¿por qué me preguntas eso?" "¿qué es lo que quieres?".
Si cuestionamos a un niño que nos da a conocer un problema que tiene puede deducir que estamos recogiendo información para solucionar su problema enlu gar de dejarle encontrar su propia solución.
Cuando cuestionamos a alguien con quien estamos hablando de un problema cada pregunta limita la libertad de esa persona de cara a hablar de lo que quiere. En cierto sentido, cada una de nuestras preguntas orienta y condiciona su propio mensaje. Si preguntamos: "¿cuándo observaste este sentimiento por primera vez?", le decimos a esa persona que se fije en el momento de la aparición de ese sentimiento y nada más. Es por eso que resulta tan desagradable ser contra-interrogado, sentimos que tenemos que contar nuestra historia según los términos de sus preguntas. Interrogar no es pues, de ninguna manera, un método eficaz de facilitar la comunicación,  al contrario, limitamos considerablemente la libertad de la persona con la que nos comunicamos.

Esquivar, distraer, hacer humor, divertir

Tales mensajes pueden comunicar al niño que no os interesa, que no respetáis sus sentimientos o que incluso los rechazáis francamente.
Cuando sienten necesidad de hablar de algo, los niños demuestran generalmente una grande terminación y una actitud muy seria. Si les contestamos con una broma pueden sentirse heridos y rechazados.

Moralizar, predicar, leer la cartilla

Semejantes mensajes hacen pesar sobre el niño una autoridad impuesta, de un deber o una obligación exterior a él mismo.
Estos mensajes pueden darle la impresión de que el adulto no tiene confianza en su juicio, que mejor haría confiándose al juicio de los demás ("tienes que hacer lo que está bien"). Dándole a entender que no hay confianza en su capacidad de evaluación de los principios y valores de los demás ("tienes que obedecer a los mayores").
Puede crear un sentimiento de culpabilidad en él, haciéndole sentir que es malo.

Aconsejar, dar sugerencias o soluciones

Estos mensajes a menudo son sentidos por el niño como la prueba de que los adultos no tienen confianza en su juicio o en su capacidad para encontrar sus propias soluciones.
Un consejo puede, a veces, comunicar al niño nuestras actitudes de superioridad ("tu madre sabe lo que te hace falta"). A los niños también les puede provocar un sentimiento de inferioridad ("tú siempre sabes mejor que yo lo que hay que hacer").
Los consejos pueden llevar a un niño a pensar que el adulto no le comprende en nada (" no me propondrías esto si supieras lo que siento").
Las costumbres de dar consejos pueden incitar en el niño la dedicación de todo su tiempo a reaccionar a los roles de los adultos y no hacer nada para elaborar los suyos.
 

La mayor parte del texto es de la extinta asoc. Antipatriarcal del lado de los niños, con pequeñas modificaciones: "mejoras" gramaticales, síntesis y selección de la interpretación de los niños y algunos efectos de los mensajes adultos, los orientados a garantizar la conveniencia de los niños, no de los adultos.

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